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La marca expresa una promesa, tácita o
explícita, relacionada con la calidad de los productos y
servicios proporcionados por una organización. Cuanto
mayor sea la promesa y más efectivo el cumplimiento, menor
será la dependencia a factores tales como el precio,
la accesibilidad física y las ventajas comparativas de servicios
y productos sustitutivos.
Es obvio que esta expresión debe ser avalada
por la concreción real de lo que se promete puesto que de
otro modo la marca no consigue inducir las percepciones
pertinentes en el pensamiento consciente e inconsciente de los públicos
a los que se dirige el impulso: el lenguaje y las comunicaciones
visuales se manifiestan a través de estímulos
en forma de imágenes, que son las formas que toman las señales
visuales a modo de reflejo psíquico.
Las marcas son provocadoras del pensamiento
que se caracterizan por la inmediatez de su asimilación
y la puesta en funcionamiento instantánea del razonamiento
consciente y de las asociaciones reflejas e inconscientes. Implican
una codificación que va del objeto material al signo,
de donde se desprenden cualidades concretas y abstractas.
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